Los pies de un niño nadando en una piscina

El peligro escondido de las piscinas en verano: riesgo para ojos, oídos y pulmones

Aunque el cloro de las piscinas es necesario, no está exento de suponer un riesgo para nuestra salud

Si hay personas que están más que acostumbradas al cloro, esos son los nadadores. Aunque la práctica de este deporte es muy habitual y beneficiosa para nuestro cuerpo, la sustancia que está presente en la piscina puede que no lo sea tanto.

Con la llegada del verano y del calor son más las personas que deciden hacer uso de estas instalaciones. Gran parte de ellas ignoran por completo los riesgos asociados al cloro del agua. En este sentido, los expertos han dado la voz de alarma sobre las consecuencias un gesto tan simple como darse un baño.

Las piscinas y el cloro

Vamos a cualquier piscina y automáticamente nos invade un olor muy característico de estos lugares: efectivamente, estamos hablando del cloro. Cualquiera lo puede conocer, ya que se trata del remedio más habitual para desinfectar las piscinas de microbios patógenos. Además, su utilización también es necesaria para evitar la proliferación de microorganismos que den lugar a ciertas enfermedades infecciosas.

Leyendo esto puede que no nos parezca tan malo. Ahora bien, aunque se trata de un producto necesario y obligatorio para mantener el agua en óptimas condiciones, su contacto con nosotros también puede entrañar algunos peligros. Hay que tener presente que aunque nos protege en el agua, el cloro no deja de ser un producto químico.

Una piscina de aguas azules con su característica barandilla de metal
El cloro está muy presente en la mayoría de piscinas | Getty Images

Su acción es bastante efectiva. El cloro (conocido como hipoclorito sódico, NaCIO) entra en contacto con el agua y se descompone, formando así un ácido llamado hipocloroso (HCIO). Este ácido es el responsable de eliminar las bacterias que hay en el agua, ya que es capaz de atravesar las membranas de dichas bacterias y matarlas.

No obstante, la cloración del agua también está asociada a la formación de determinados subproductos, los cuales pueden ser responsables de algunas patologías. Las personas más afectadas suelen estar en piscinas, y normalmente son nadadores, socorristas y monitores.

Actualmente se han llegado a identificar hasta 600 tipos de subproductos diferentes, como los haloácidos, los halometanos y los haloacetonitrilos. Sin embargo, las cloraminas y los trihalometanos (THM) son los más estudiados.

¿Qué ocurre con estos subproductos?

Dentro de los trihalometanos se encuentra el famoso cloroformo, que se origina por reacción del ácido hipocloroso con algunas materias orgánicas como las cremas, los cosméticos o las escamas de la piel.

Las cloraminas, por otro lado, son las responsables de ese olor tan característico a cloro. Estas se forman cuando reacciona el ácido hipocloroso con la urea, que suele estar presente en la orina y el sudor.

Una mujer que tiene dolor en su oído izquierdo
La otitis es una afección muy común en verano | Canva

Debido a que las piscinas presentan altos niveles de estos subproductos, es importante tener presente sus posibles efectos adversos para nuestra salud. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha establecido valores de referencia para este tipo de subproductos. A pesar de esto, cabe destacar las importantes consecuencias negativas que podemos sufrir.

Cuando una persona está expuesta a este tipo de productos, puede enfrentarse a varias afecciones. Las más comunes son la irritación de ojos, la sequedad e irritación de la piel y la infección de oídos (otitis).

Los problemas de salud pueden ser muy importantes

Sin embargo, algunos estudios también han encontrado datos relevantes. Existen personas que pueden desarrollar asma o problemas respiratorios, e incluso se está investigando la posible relación entre estas exposiciones con los cánceres de colon y vejiga.

Fondo azul de una piscina con carriles para natación
Incluso un simple baño en la piscina entraña ciertos riesgos | Getty Images

Evidentemente, todo dependerá del tiempo que pasemos en la piscina. Los nadadores profesionales suelen estar mucho más expuestos, ya que pasan mucho tiempo a la semana entrenando en ellas.

Si queremos evitar o reducir las posibilidades de contraer alguna de estas dolencias lo ideal es controlar el tiempo que estamos en el agua. Y siempre que sea posible, recurrir a piscinas al aire libre.