Sal

Todos los años de vida que perdemos cada vez que le echamos sal a la comida

Un nuevo estudio publicado revela el riesgo para la salud de consumir sal

El uso de la sal se remonta ya por la Edad de Bronce, momento en el que se les ocurrió utilizar unos cristales blanquecinos para mantener el pescado y la carne durante días. Si bien hace 4.000 años las nociones de este mineral eran prácticamente nulas, parece que en el siglo XXI nos hemos empezado a preocupar por su uso. Por ello, cada vez más disponemos de información sobre ella.

La sal: imprescindible, pero mortal

Según la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), "La sal es indispensable para la vida, pero también parece tener un efecto perjudicial para la salud si se consume en exceso. Debe controlarse porque un consumo excesivo afecta negativamente a la presión arterial y esta provoca enfermedad cardiovascular (infartos cerebrales, infartos cardiacos)”. Por si fuera poco, el abuso de sal está asociado a enfermedades como la osteoporosis, la litiasis renal o el cáncer.

Mano de un doctor sosteniendo un estetoscopio en una sala de hospital
Enfermedades como la osteoporosis, hipertensión o cáncer pueden derivar del consumo excesivo de sal | Getty Images

Asimismo, un estudio publicado por el European Heart Journal, en el que han participado 500.000 británicos de mediana edad, ha aportado unos resultados insospechados. Las investigaciones han concluido que añadir sal a los alimentos ya cocinados puede llegar a recortar dos años de vida a los hombres y uno y medio a las mujeres.

¿Qué le pasa a nuestro cuerpo cuando consumismos sal?

La sal, como ya se ha explicado, es un buen retenedor de líquidos, por lo que un consumo mínimamente elevado supone una carga adicional para el corazón y los vasos sanguíneos, hechos que causa el aumento de la presión arterial.

Además, el exceso de sal, tiene un riesgo añadido al adecuado funcionamiento del cerebro. Concretamente del hipotálamo, que es el encargado de evitar elevaciones de la presión arterial con la liberación de una hormona llamada vasopresina.

La presencia de la sal en nuestro día a día

De entre las principales funciones que hace la sal en nuestros alimentos está la conservación, la deshidratación, para enmascarar sabores degradables, la retención de agua o el dar sabor a nuestros platos.

Sin embargo, expertos como Ramón Estruch, investigador del Instituto de Salud Carlos III de Madrid, apuesta por sustitutos a la sal, como el aceite de oliva para potenciar sabores.

Aceite de oliva en un vaso y dos aceiteras junto a un plato lleno de aceitunas y una cuchara
El aceite de oliva puede servir como sustituto de la sal | Getty Images

Cabe destacar que tan solo el 20% de la sal que se consume se añade en la cocina o en la mesa, mientras que el porcentaje restante pertenece a los que se conoce como "sal invisible".

Esta sal es la que proviene de los alimentos, aunque dentro de esta última encontramos una distinción entre la sal natural y la sal añadida en los productos ultraprocesados. Es decir, el mayor porcentaje de sal es nuestra dieta es aquel menos saludable.

Consejos para reducir la sal de nuestros platos

Como en todos los aspectos de la nutrición, las necesidades de este mineral varían según factores como la edad, el sexo, el peso, o el estado de salud. Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda 5 gramos de sal al día para una persona adulta con una vida sana, una cantidad equivalente a una cucharita de café llena.

Pese a estas recomendaciones, se estima que la población española supera en prácticamente el doble el máximo recomendado. Según los datos de la AESAN, de media se consumen 9,7 gramos de sal al día por persona. 

Glóbulos rojos
Un consumo apropiado de sal ayuda a una mejor presión arterial | Getty Images

Si crees que excedes la cantidad de sal recomendada, a continuación, os dejamos unos trucos para reducir al máximo el consumo de sal en nuestras vidas:

  • No añadir sal a los alimentos, a los guisos, o a las ensaladas. Reemplazar el sabor con hierbas, especias, limón, vinagre, pimienta, ajo, etc.
  • Echar la sal una vez servida y probada la comida, y no durante el cocinado.
  • Elegir productos frescos siempre que sea posible: carne y pescado fresco, frutas y vegetales. Estos alimentos contienen poca sal.
  • Evitar alimentos salados: frutos secos salados, aperitivos, embutidos, salchichas, alimentos enlatados, sopas de sobre, bollería comercial, quesos curados, salsas en sobre, etc.  
  • Fijarse en la cantidad de sal que aparece en la etiqueta de los productos.
  • Lavar las conservas vegetales y legumbres antes de utilizarlas.