Cuando a un trabajador se le reconoce una incapacidad permanente, este tiene derecho a una prestación económica. Se trata de una pensión que puede variar dependiendo de varios supuestos.
En este sentido, de acuerdo con la Seguridad Social, esta pensión es: “una prestación económica que trata de cubrir la pérdida de ingresos que sufre un trabajador cuando una enfermedad o accidente ve reducida o anulada su capacidad laboral”.
Sin embargo, una de las cosas que hay que tener en cuenta es que esta pensión puede ser anulada, suspendida o considerarse extinta. Esto sucede cuando ocurren siete casos concretos que todo beneficiario debe conocer.
Para concederle la incapacidad permanente a un trabajador, lo primero que se hace es abrir un expediente. Aunque, de forma general, lo hace el interesado, este es un paso que también se puede llevar a cabo de oficio.
Después, el trabajador tiene que ser convocado por una autoridad médica que estudiará su caso. Al final, el Tribunal Médico emitirá su veredicto que, más tarde, será valorado por parte de la Administración. Esta decidirá si reconocerá o no la prestación.
Por otro lado, también hay que conocer que, para ser beneficiario de la prestación, las personas deben estar incluidas en cualquier régimen de la Seguridad Social. Sin embargo, hay que cumplir una serie de requisitos. Por ello, existen distintos tipos de incapacidad.
Esta se concede cuando el problema médico no alcanza el grado de total, pero ocasiona al trabajador una disminución no menor del 33% en su rendimiento normal para la profesión. Sin embargo, no le impide hacer las tareas fundamentales de esta.
Esta es la que inhabilita al trabajador para llevar a cabo todas las tareas fundamentales de su profesión. Sin embargo, sí puede dedicarse a otra. Por ello, es compatible con un salario si así lo autoriza la Seguridad Social.
Es aquella que inhabilita al trabajador por completo para realizar cualquier profesión u oficio. Por ello, no es compatible con ningún salario.
Esta se concede cuando el trabajador reconocido como incapacitado permanente precisa de la asistencia de otra persona para los actos esenciales de la vida. Estos son vestirse, comer o desplazarse, entre otros.
La incapacidad permanente, en cualquiera de sus tipos, puede ser revisable hasta que se cumpla la edad ordinaria de jubilación. Es decir, la Seguridad Social podrá revisar el grado de incapacidad del pensionista para que la prestación se rebaje, aumente o se extinga. Además, también existen algunos casos en los que la pensión se retira debido a la mala actuación del trabajador.
La pensión se puede retirar cuando el beneficiario actúe de forma fraudulenta con el objetivo de obtener o conservar la misma.
Este supuesto se da cuando la incapacidad permanente se deba o se agrave debido a la imprudencia temeraria del trabajador.
También se puede perder la prestación si la incapacidad permanente se deba o se agrave por abandonar o rechazar el tratamiento sanitario sin una causa razonable.
Por otro lado, también se puede perder si el beneficiario, sin causa aparente, rechaza o abandona cualquier tratamiento o proceso de rehabilitación o readaptación para mejorar su condición.
Uno de los supuestos por los que la prestación se puede extinguir es cuando se revisa por parte de la Seguridad Social y el beneficiario esté curado.
Asimismo, también se extinguirá la prestación por incapacidad permanente a causa del fallecimiento del beneficiario.
El último supuesto por el que se puede extinguir la prestación es por el reconocimiento de la pensión de jubilación cuando se opte a la misma.